Siempre me ha sido un misterio lo que el futuro me depara. Y da lo mismo... supongo que sólo importa el aquí y ahora. A la mierda las ideas. Estoy aquí y ahora.
miércoles, febrero 03, 2010
miércoles, diciembre 02, 2009
Por qué odio mi ex colegio
Estuve 12 años en él. Supuestamente tenía amigos. Supuestamente era un colegio cristiano que se preocupaba por las personas.
Pero no...
Pasé 12 años desapercibido. 12 años sin que nadie se diera cuenta de que estaba destruido por dentro, que tenía depresión y que estaba abismalmente lejos de estar bien.
Gracias. Gracias por nada, I.O.
Pero no...
Pasé 12 años desapercibido. 12 años sin que nadie se diera cuenta de que estaba destruido por dentro, que tenía depresión y que estaba abismalmente lejos de estar bien.
Gracias. Gracias por nada, I.O.
lunes, noviembre 30, 2009
Observo, pienso y conjeturo
En la sociedad actual, y como contrapartida del teocentrismo de la Edad Media y continuación exacerbada del antropocentrismo del Renacimiento, tiende a preponderar la idea de que la humanidad es valiosa, que somos seres racionales dignos de ser puestos escalafones más arriba que las demás creaturas. Para mí, dicha idea no es más que orgullo condensado, una burda mentira sostenida por siglos. El ser humano no ha hecho más que destruir el mundo y acabar con toda la naturaleza. Pero en esta ocasión, no es la misantropía lo que me llama a escribir.
En nuestro paso por esta tierra, sólo hay una cosa que nos hace dignos de estar vivos. No es nuestra existencia en sí, dado que ha demostrado ser perniciosa para todo el resto de lo creado. No es, consecuentemente, lo que vivimos, pues nuestras vivencias se yuxtaponen a la vivencia armónica de un todo que estaría mejor sin nosotros.
A mi juicio, lo que nos hace merecedores de la vida es la expresión que surge de la interacción entre nuestras existencias, nuestras vivencias y las vivencias ajenas. A saber: el arte.
El arte es lo más valioso jamás creado por el hombre, algo que casi casi equilibra la balanza a favor de nuestra existencia. La catarsis nos une con el Todo, con el Ser, con la conciencia universal en que consiste la vida. No podemos alcanzar mayor éxtasis que el de crear algo por nosotros sentido, por entrar en comunión con el entorno que nos rodea. ¿Cómo es posible que el arte, algo tan majestuoso, hermoso y respetable en cada una de sus áreas, surja de entes tan corruptos como nosotros? Es la duda que a cualquiera le ha de surgir. Supongo que la respuesta es que un resto, un despojo, una reminiscencia del Todo ha de vivir en nosotros desde el momento de nuestra creación. Y aunque proporcionalmente sea un granito de arena en comparación a lo hermoso de la naturaleza, nuestra capacidad de ser creadores, de ser artistas nosotros mismos es tan superior a nuestras meras existencias, que las hacen dignas de ser vividas. Por eso, no hay nada más horrendo que cuando el arte es vetado, cuando cualquier tipo de expresión humana es coartada. Este es un llamado al respeto por las artes, un llamado a la libertad. Sin arte, no somos nada en contraste con la monumentalidad del cosmos.
En nuestro paso por esta tierra, sólo hay una cosa que nos hace dignos de estar vivos. No es nuestra existencia en sí, dado que ha demostrado ser perniciosa para todo el resto de lo creado. No es, consecuentemente, lo que vivimos, pues nuestras vivencias se yuxtaponen a la vivencia armónica de un todo que estaría mejor sin nosotros.
A mi juicio, lo que nos hace merecedores de la vida es la expresión que surge de la interacción entre nuestras existencias, nuestras vivencias y las vivencias ajenas. A saber: el arte.
El arte es lo más valioso jamás creado por el hombre, algo que casi casi equilibra la balanza a favor de nuestra existencia. La catarsis nos une con el Todo, con el Ser, con la conciencia universal en que consiste la vida. No podemos alcanzar mayor éxtasis que el de crear algo por nosotros sentido, por entrar en comunión con el entorno que nos rodea. ¿Cómo es posible que el arte, algo tan majestuoso, hermoso y respetable en cada una de sus áreas, surja de entes tan corruptos como nosotros? Es la duda que a cualquiera le ha de surgir. Supongo que la respuesta es que un resto, un despojo, una reminiscencia del Todo ha de vivir en nosotros desde el momento de nuestra creación. Y aunque proporcionalmente sea un granito de arena en comparación a lo hermoso de la naturaleza, nuestra capacidad de ser creadores, de ser artistas nosotros mismos es tan superior a nuestras meras existencias, que las hacen dignas de ser vividas. Por eso, no hay nada más horrendo que cuando el arte es vetado, cuando cualquier tipo de expresión humana es coartada. Este es un llamado al respeto por las artes, un llamado a la libertad. Sin arte, no somos nada en contraste con la monumentalidad del cosmos.
domingo, noviembre 22, 2009
Cuatro; sólo cuatro
¿Por qué será que me tocó vivir tan lleno de rabia? En mis momentos de optimismo, siempre me ha gustado pensar que las cosas pasan por algo. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en lo azaroso del destino y lo condenada que pueden estar nuestras vidas por la injusticia de una mala fortuna; nacer en el lugar y momento equivocado.
He podido, el último tiempo, entender muchos de los problemas que han marcado mi vida, pero aún no consigo superarlos, ni siquiera he podido vislumbrar una luz de esperanza. Cuando un pequeño fósforo de aquella entrañable virtud se prende en mis momentos de júbilo, no tarda mucho en aparecer una brisa implacable capaz de calar en los huesos, que apaga sin titubeo mi foco de esperanza. Y es siempre la misma brisa. La fuente de mis problemas y el mismo conjunto de gente que me impide solucionarlos y poder aspirar a eso que llaman felicidad y que hasta ahora ha sido sólo un mito urbano para mí. Esa es mi familia.
Y hoy no quiero esperanza, sorprendentemente. Hoy sólo pido que el azar me llene de perseverancia, de tesón y de la capacidad de soportar todas las adversidades. Sólo quiero fuerza. Quiero poder aguantar los cuatro años que me quedan de dependencia económica. Quiero la capacidad de agachar la cabeza y aguantar lluvias, truenos y relámpagos; no dejarme decaer por ese ente perverso y que tan a menudo me hace sucumbir hacia lo más hondo de mi depresión. Y no me queda más que poner el torso a los problemas y rezarle a la Nada para que algún día las cicatrices cierren completamente y pueda llevarla orgulloso como trofeos en la prueba más grande de todas: la vida.
Por favor, aguanta.
Son sólo cuatro años.
Sólo cuatro años...
He podido, el último tiempo, entender muchos de los problemas que han marcado mi vida, pero aún no consigo superarlos, ni siquiera he podido vislumbrar una luz de esperanza. Cuando un pequeño fósforo de aquella entrañable virtud se prende en mis momentos de júbilo, no tarda mucho en aparecer una brisa implacable capaz de calar en los huesos, que apaga sin titubeo mi foco de esperanza. Y es siempre la misma brisa. La fuente de mis problemas y el mismo conjunto de gente que me impide solucionarlos y poder aspirar a eso que llaman felicidad y que hasta ahora ha sido sólo un mito urbano para mí. Esa es mi familia.
Y hoy no quiero esperanza, sorprendentemente. Hoy sólo pido que el azar me llene de perseverancia, de tesón y de la capacidad de soportar todas las adversidades. Sólo quiero fuerza. Quiero poder aguantar los cuatro años que me quedan de dependencia económica. Quiero la capacidad de agachar la cabeza y aguantar lluvias, truenos y relámpagos; no dejarme decaer por ese ente perverso y que tan a menudo me hace sucumbir hacia lo más hondo de mi depresión. Y no me queda más que poner el torso a los problemas y rezarle a la Nada para que algún día las cicatrices cierren completamente y pueda llevarla orgulloso como trofeos en la prueba más grande de todas: la vida.
Por favor, aguanta.
Son sólo cuatro años.
Sólo cuatro años...
jueves, octubre 22, 2009
Fisonomía del cuico
Papa en la boca. Acento marcadamente aristocrático y de alto timbre, con tendencia a una tonalidad grave, tanto en mujeres como hombres. Aspiración a la American Way of Life, a un estilo de vida digno de Beverly Hills. Uso de expresiones en inglés. Estudian en universidades privadas o en la PUC, o se refugian en las facultades de negocios de otras universidades. Andan en auto (si no propio, prestado de papi), se quejan de todo y su aspiración es vivir en el extranjero, o que lleguen de una vez las vacaciones para ir a Farellones a esquiar, a su cabaña del sur, o a algún lugar paradisiaco. Predominantemente católicos, y predominantemente inimaginablemente inconsecuentes con su religión. Obviamente, conservadores y de derecha, pese a tener arranques de excitación con la nana flaite de la casa, y una que otra visita al barrio El Golf. En mujeres, esta vida sexual oculta se reemplaza por las salidas a comprar cosas innecesarias y caras, por una activa vida social con otras desocupadas, y por una vanidad sin límites que las impulsa a ir a peluquerías y centros de estética constantemente.
Padres y madres generalmente buscan el éxito académico de sus hijos e hijas, y fomentan los estudios en colegios de alto estándar socio-económico y de supuesta vocación cristiana. Sin embargo, dejan de lado la satisfacción de las necesidades afectivas y emocionales de sus pupilos, y por ende éstos crecen a la sombra de la imagen de padres ausentes y madres sometidas, buscando asilo en ídolos como el alcohol, drogas, artistas de televisión o radio, y, principalmente, una sumamente activa vida social, consistente en acudir religiosamente cada fin de semana a la Plaza San Enrique, en particular a los pubs y discotecas de moda en la juventud.
El dinero es visto por ellos como un fin, no ya como un medio. En vistas de esto, miden la calidad de las personas por el peso de su billetera. Sin embargo, la fisonomía predominantemente caucásica, teutona o aria del cuico, ha determinado la tendencia a discriminar por aspecto, viéndose por ésto afectado todo aquel con el más mínimo tinte moreno en su piel. Si a algún pobre desalmado de este grupo socioeconómico la genética le jugó una mala pasada y nació moreno o morena, estará destinado al apodo de "negro" y a constantes recriminaciones de un posible affair de su madre con algún empleado de baja monta.
La homosexualidad es por ellos prohibida, si bien la mayoría de los hombres de aquel sector social han reprimido dicha tendencia. Es de notar cómo en la juventud cuica actual ha surgido la moda (nacida, sorprendentemente, en los sectores más pobres) del saludo con beso entre hombres. Además, gustan del contacto físico. Toda su conducta homosexual es escondida tras el velo de la rudeza y una supuesta indiferencia emocional con su entorno, lo que a menudo se ve desenvuelto en las borracheras en las que sucumben los fines de semana. En ellas, el cuico vuelve a ser humano, con sentimientos y emociones necesarias de hacer emerger.
Los grupos de cuicos están concientes de su condición de tales, pero son incapaces de discernir o realmente entender fenómenos sociales como la pobreza, la indigencia o la hambruna. Son de contactos fáciles, y rara vez tienen amigos reales. La mayoría son amigos de carrete o de estudios, pero jamás se verá a un cuico ahondando en temas metafísicos o en búsquedas de sentido. Son desapegados a la gente, y fácilmente pueden olvidar el rostro de alguien externo a su esfera social.
Una gran parte de los cuicos, están cegados por un conservadurismo irreverente y sin fronteras, un ultraderechismo de armas tomar, aún pinochetista y dispuesto a asesinar por divergencia de ideas, sumamente arraigado en el cristianismo. Llevan cadenas de oro puro en el cuello, rememorando al Cristo, sin notar que ese mismo oro podría estar alimentando a un indigente, tal cual lo hubiera hecho el Nazareno. Son la inconsecuencia misma, la idiotez misma y el vacío mismo. Son la más repugnante basofia que se pueda encontrar en la sociedad chilena.
Padres y madres generalmente buscan el éxito académico de sus hijos e hijas, y fomentan los estudios en colegios de alto estándar socio-económico y de supuesta vocación cristiana. Sin embargo, dejan de lado la satisfacción de las necesidades afectivas y emocionales de sus pupilos, y por ende éstos crecen a la sombra de la imagen de padres ausentes y madres sometidas, buscando asilo en ídolos como el alcohol, drogas, artistas de televisión o radio, y, principalmente, una sumamente activa vida social, consistente en acudir religiosamente cada fin de semana a la Plaza San Enrique, en particular a los pubs y discotecas de moda en la juventud.
El dinero es visto por ellos como un fin, no ya como un medio. En vistas de esto, miden la calidad de las personas por el peso de su billetera. Sin embargo, la fisonomía predominantemente caucásica, teutona o aria del cuico, ha determinado la tendencia a discriminar por aspecto, viéndose por ésto afectado todo aquel con el más mínimo tinte moreno en su piel. Si a algún pobre desalmado de este grupo socioeconómico la genética le jugó una mala pasada y nació moreno o morena, estará destinado al apodo de "negro" y a constantes recriminaciones de un posible affair de su madre con algún empleado de baja monta.
La homosexualidad es por ellos prohibida, si bien la mayoría de los hombres de aquel sector social han reprimido dicha tendencia. Es de notar cómo en la juventud cuica actual ha surgido la moda (nacida, sorprendentemente, en los sectores más pobres) del saludo con beso entre hombres. Además, gustan del contacto físico. Toda su conducta homosexual es escondida tras el velo de la rudeza y una supuesta indiferencia emocional con su entorno, lo que a menudo se ve desenvuelto en las borracheras en las que sucumben los fines de semana. En ellas, el cuico vuelve a ser humano, con sentimientos y emociones necesarias de hacer emerger.
Los grupos de cuicos están concientes de su condición de tales, pero son incapaces de discernir o realmente entender fenómenos sociales como la pobreza, la indigencia o la hambruna. Son de contactos fáciles, y rara vez tienen amigos reales. La mayoría son amigos de carrete o de estudios, pero jamás se verá a un cuico ahondando en temas metafísicos o en búsquedas de sentido. Son desapegados a la gente, y fácilmente pueden olvidar el rostro de alguien externo a su esfera social.
Una gran parte de los cuicos, están cegados por un conservadurismo irreverente y sin fronteras, un ultraderechismo de armas tomar, aún pinochetista y dispuesto a asesinar por divergencia de ideas, sumamente arraigado en el cristianismo. Llevan cadenas de oro puro en el cuello, rememorando al Cristo, sin notar que ese mismo oro podría estar alimentando a un indigente, tal cual lo hubiera hecho el Nazareno. Son la inconsecuencia misma, la idiotez misma y el vacío mismo. Son la más repugnante basofia que se pueda encontrar en la sociedad chilena.
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