Papa en la boca. Acento marcadamente aristocrático y de alto timbre, con tendencia a una tonalidad grave, tanto en mujeres como hombres. Aspiración a la American Way of Life, a un estilo de vida digno de Beverly Hills. Uso de expresiones en inglés. Estudian en universidades privadas o en la PUC, o se refugian en las facultades de negocios de otras universidades. Andan en auto (si no propio, prestado de papi), se quejan de todo y su aspiración es vivir en el extranjero, o que lleguen de una vez las vacaciones para ir a Farellones a esquiar, a su cabaña del sur, o a algún lugar paradisiaco. Predominantemente católicos, y predominantemente inimaginablemente inconsecuentes con su religión. Obviamente, conservadores y de derecha, pese a tener arranques de excitación con la nana flaite de la casa, y una que otra visita al barrio El Golf. En mujeres, esta vida sexual oculta se reemplaza por las salidas a comprar cosas innecesarias y caras, por una activa vida social con otras desocupadas, y por una vanidad sin límites que las impulsa a ir a peluquerías y centros de estética constantemente.
Padres y madres generalmente buscan el éxito académico de sus hijos e hijas, y fomentan los estudios en colegios de alto estándar socio-económico y de supuesta vocación cristiana. Sin embargo, dejan de lado la satisfacción de las necesidades afectivas y emocionales de sus pupilos, y por ende éstos crecen a la sombra de la imagen de padres ausentes y madres sometidas, buscando asilo en ídolos como el alcohol, drogas, artistas de televisión o radio, y, principalmente, una sumamente activa vida social, consistente en acudir religiosamente cada fin de semana a la Plaza San Enrique, en particular a los pubs y discotecas de moda en la juventud.
El dinero es visto por ellos como un fin, no ya como un medio. En vistas de esto, miden la calidad de las personas por el peso de su billetera. Sin embargo, la fisonomía predominantemente caucásica, teutona o aria del cuico, ha determinado la tendencia a discriminar por aspecto, viéndose por ésto afectado todo aquel con el más mínimo tinte moreno en su piel. Si a algún pobre desalmado de este grupo socioeconómico la genética le jugó una mala pasada y nació moreno o morena, estará destinado al apodo de "negro" y a constantes recriminaciones de un posible affair de su madre con algún empleado de baja monta.
La homosexualidad es por ellos prohibida, si bien la mayoría de los hombres de aquel sector social han reprimido dicha tendencia. Es de notar cómo en la juventud cuica actual ha surgido la moda (nacida, sorprendentemente, en los sectores más pobres) del saludo con beso entre hombres. Además, gustan del contacto físico. Toda su conducta homosexual es escondida tras el velo de la rudeza y una supuesta indiferencia emocional con su entorno, lo que a menudo se ve desenvuelto en las borracheras en las que sucumben los fines de semana. En ellas, el cuico vuelve a ser humano, con sentimientos y emociones necesarias de hacer emerger.
Los grupos de cuicos están concientes de su condición de tales, pero son incapaces de discernir o realmente entender fenómenos sociales como la pobreza, la indigencia o la hambruna. Son de contactos fáciles, y rara vez tienen amigos reales. La mayoría son amigos de carrete o de estudios, pero jamás se verá a un cuico ahondando en temas metafísicos o en búsquedas de sentido. Son desapegados a la gente, y fácilmente pueden olvidar el rostro de alguien externo a su esfera social.
Una gran parte de los cuicos, están cegados por un conservadurismo irreverente y sin fronteras, un ultraderechismo de armas tomar, aún pinochetista y dispuesto a asesinar por divergencia de ideas, sumamente arraigado en el cristianismo. Llevan cadenas de oro puro en el cuello, rememorando al Cristo, sin notar que ese mismo oro podría estar alimentando a un indigente, tal cual lo hubiera hecho el Nazareno. Son la inconsecuencia misma, la idiotez misma y el vacío mismo. Son la más repugnante basofia que se pueda encontrar en la sociedad chilena.
Padres y madres generalmente buscan el éxito académico de sus hijos e hijas, y fomentan los estudios en colegios de alto estándar socio-económico y de supuesta vocación cristiana. Sin embargo, dejan de lado la satisfacción de las necesidades afectivas y emocionales de sus pupilos, y por ende éstos crecen a la sombra de la imagen de padres ausentes y madres sometidas, buscando asilo en ídolos como el alcohol, drogas, artistas de televisión o radio, y, principalmente, una sumamente activa vida social, consistente en acudir religiosamente cada fin de semana a la Plaza San Enrique, en particular a los pubs y discotecas de moda en la juventud.
El dinero es visto por ellos como un fin, no ya como un medio. En vistas de esto, miden la calidad de las personas por el peso de su billetera. Sin embargo, la fisonomía predominantemente caucásica, teutona o aria del cuico, ha determinado la tendencia a discriminar por aspecto, viéndose por ésto afectado todo aquel con el más mínimo tinte moreno en su piel. Si a algún pobre desalmado de este grupo socioeconómico la genética le jugó una mala pasada y nació moreno o morena, estará destinado al apodo de "negro" y a constantes recriminaciones de un posible affair de su madre con algún empleado de baja monta.
La homosexualidad es por ellos prohibida, si bien la mayoría de los hombres de aquel sector social han reprimido dicha tendencia. Es de notar cómo en la juventud cuica actual ha surgido la moda (nacida, sorprendentemente, en los sectores más pobres) del saludo con beso entre hombres. Además, gustan del contacto físico. Toda su conducta homosexual es escondida tras el velo de la rudeza y una supuesta indiferencia emocional con su entorno, lo que a menudo se ve desenvuelto en las borracheras en las que sucumben los fines de semana. En ellas, el cuico vuelve a ser humano, con sentimientos y emociones necesarias de hacer emerger.
Los grupos de cuicos están concientes de su condición de tales, pero son incapaces de discernir o realmente entender fenómenos sociales como la pobreza, la indigencia o la hambruna. Son de contactos fáciles, y rara vez tienen amigos reales. La mayoría son amigos de carrete o de estudios, pero jamás se verá a un cuico ahondando en temas metafísicos o en búsquedas de sentido. Son desapegados a la gente, y fácilmente pueden olvidar el rostro de alguien externo a su esfera social.
Una gran parte de los cuicos, están cegados por un conservadurismo irreverente y sin fronteras, un ultraderechismo de armas tomar, aún pinochetista y dispuesto a asesinar por divergencia de ideas, sumamente arraigado en el cristianismo. Llevan cadenas de oro puro en el cuello, rememorando al Cristo, sin notar que ese mismo oro podría estar alimentando a un indigente, tal cual lo hubiera hecho el Nazareno. Son la inconsecuencia misma, la idiotez misma y el vacío mismo. Son la más repugnante basofia que se pueda encontrar en la sociedad chilena.